lunes, 2 de junio de 2014

Filosofía, exhibicionismo y frivolidad [I]

"...
De forma coherente con la intencionalidad de los objetos, el tema de mi tesis para obtener el grado de licenciada me encontró a mí más que yo a él. Mi enamoramiento por el autor central de mi trabajo llegó de manos de la primera persona con la que viví un amor de esos épicos: increíble, romántico, trágico e histérico en su final… en fin, se entenderá que era yo joven e ingenua. He cambiado: ahora tengo más años. 

Así, el libro De la séduction fue un regalo navideño y mi primer acercamiento a JEAN BAUDRILLARD. Ese libro me maravilló —supongo que sería más correcto decir que me sedujo— por la forma directa y dura con la que me hablaba, su crítica al feminismo y a las mujeres, sus verdaderas técnicas de seducción que incluyen la renuncia a toda moral y a la vida misma de quien seduce, su personalidad egocéntrica plasmada en cada hoja de sus libros, el ataque directo al conformismo intelectual, la forma en la que se burlaba del marxismo, del psicoanálisis y de sus colegas —incluso de los más afamados como por ejemplo Michel Foucault—, la confianza en el valor de sus propuestas, el ser un “outsider” y su pensar solitario. 

Debí verme muy interesante en la Cineteca Nacional de la Ciudad de México leyendo aquel libro, De la seducción, al menos para aquel otro hombre que me hacía vibrar en aquella época pero con el que no puede ni quise traspasar ningún límite. Bien lo dijo Franz Kafka: “A partir de cierto punto no hay retorno... Ese es el punto que hay que alcanzar”. Yo aún no estaba consciente de eso y por ello no le mandé en una caja mis ojos cuándo mencionó lo hermosos que eran. Eso le hubiera mostrado, al estilo fatal baudrillardiano, lo románica que era. Pero, contando con menos edad era más aprensiva a mi visión; ahora estoy dispuesta a entregar algunas dioptrías de las que me quedan si alguien me las pide de buena manera.






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