"...
De forma coherente con la intencionalidad de los
objetos, el tema de mi tesis para obtener el grado de licenciada me encontró a
mí más que yo a él. Mi enamoramiento por el autor central de mi trabajo llegó
de manos de la primera persona con la que viví un amor de esos épicos:
increíble, romántico, trágico e histérico en su final… en fin, se entenderá que
era yo joven e ingenua. He cambiado: ahora tengo más años.
Así, el libro De la séduction fue un regalo navideño y
mi primer acercamiento a JEAN
BAUDRILLARD. Ese libro me maravilló —supongo que sería más correcto decir
que me sedujo— por la forma directa y
dura con la que me hablaba, su crítica al feminismo y a las mujeres, sus verdaderas técnicas de seducción que
incluyen la renuncia a toda moral y a la vida misma de quien seduce, su
personalidad egocéntrica plasmada en cada hoja de sus libros, el ataque directo
al conformismo intelectual, la forma en la que se burlaba del marxismo, del
psicoanálisis y de sus colegas —incluso de los más afamados como por ejemplo Michel Foucault—, la confianza en el
valor de sus propuestas, el ser un “outsider” y su pensar solitario.
Debí verme
muy interesante en la Cineteca Nacional de la Ciudad de México leyendo aquel
libro, De la seducción, al menos para
aquel otro hombre que me hacía vibrar en aquella época pero con el que no puede
ni quise traspasar ningún límite. Bien lo dijo Franz Kafka: “A partir de cierto punto no hay retorno... Ese es el punto
que hay que alcanzar”. Yo aún no estaba consciente de eso y por ello no le mandé
en una caja mis ojos cuándo mencionó lo hermosos que eran. Eso le hubiera
mostrado, al estilo fatal baudrillardiano, lo románica que era. Pero, contando
con menos edad era más aprensiva a mi visión; ahora estoy dispuesta a entregar
algunas dioptrías de las que me quedan si alguien me las pide de buena manera.
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